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Alejandra Sanjuán: “Queremos aminorar el número de quejas; la ULPGC funciona bien»

La nueva defensora de la comunidad universitaria grancanaria aboga por utilizar los cauces intermedios para resolver, con mayor celeridad, dudas y reclamaciones entre los distintos colectivos del centro.

Alejandra Sanjuán llegó a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) en octubre de 1982, por lo que es una de las docentes más veteranas de la Institución. Llegó de Madrid “porque necesitaban profesorado en Ingeniería” y se quedó en la isla porque le pareció “un sitio espectacular y muy agradable». En su tierra natal estudió Matemáticas y luego Arquitectura; en el archipiélago ha impartido conocimientos en lo que es hoy conocido como el grado de Ingeniería Geomática, y en estos últimos meses se ha fajado como profesora en el Centro de Formación del Profesorado. Desde hace un mes, es la nueva defensora de la comunidad universitaria. Una especie de ‘defensora del pueblo’ a la que, según se ve en esta entrevista, no le falta trabajo. En su día, esta labor fue desempeñada por la catedrática y poetisa Alicia Llarena.

¿Qué hay que hacer para convertirse en Defensora de la comunidad universitaria de la ULPGC?
La presidencia del cargo del órgano defensor se ocupa con una candidatura que tiene que salir a elección voluntaria. El claustro es el que vota. Yo me animé el año pasado y me presenté a la consulta de octubre, cuando obtuve 97 de 107 votos emitidos. La verdad es que el resultado me anima muchísimo. Al margen de que no se presentasen otras candidaturas, hasta ahora es habitual que no hubiese mucha movilización en el seno del claustro, ya que había que desplazarse para votar y rara vez se pasan de 50 ó 60 votos. Esta hubo vez hubo voluntad, predisposición, y eso demuestra que la ULPGC está viva. Hay mucha confianza en que yo ocupe el cargo y eso supone también para mí más responsabilidad.

¿Es un cargo nuevo? ¿Cómo lo afronta?
Es un cargo relativamente reciente, creado en 2003, y yo lo he asumido desde el 3 de noviembre. Lo he compaginado en las útlimas semanas con las clases, pero ahora podré dedicarle más tiempo, aunque tengo previsto impartir clases de Sistemas de Información Geográfica en un máster de Telecomunicaciones.

¿Se estrena entonces en este tipo de cometidos?
La verdad es que en los últimos años he pasado por distintos puestos. El más llamativo, ser vicerrectora de Cultura con Manuel Lobo. Ejercer docencia y ser defensor de la comunidad podría dar paso a algún conflicto de intereses, pero cuando se lo comuniqué a mis alumnos, que eran más de 100 en Formación del Profesorado, todos al unísono me pidieron que siguiese, por lo que he decidido acabar el curso.

Usted igual va a terminar siendo como el Tribunal Supremo dentro de la Universidad…
Bueno, digamos que eres la última esperanza para cuando se han acabado todos los trámites, vías y canales anteriores y no se han resuelto las demandas. Al menos en el ámbito interno de la Universidad.

¿Se buscan problemas para resolverlos o se atienden los que llegan? Qué actitud se toma desde ese cargo?
Antes tal vez la actitud era más pasiva, ver las consultas o quejas que te llegaban y tratar de resolverlas. Ahora estamos más activos. Queremos que la información llegue bien a los alumnos, que sepan a qué estamentos o canales pueden recurrir antes de acabar en nosotros. Muchas veces ahí se pueden resolver sus problemas. Tampoco es bueno que se recurra a varias vías de manera paralela. O que nos lleguen sin recibir antes respuesta de otros. Nos han llegado ya cosas de estudiantes que deberían de haberse tramitado antes de otra manera. En esta pedagogía nos está ayudando mucho el representante de los estudiantes en la defensoría, Tomás Santana.

Es un equipo…
Sí, está el presidente, pero también hay representantes que se presentan de manera independiente. De momento, contamos con plazas vacantes por parte del profesorado y personal de administración y servicios. Igual es porque, al ser vías de designación independientes, estos no saben quién va a ser el presidente de la Defensoría y tal vez no se animan. A ver si la dinámica cambia. El mandato es por cuatro años…

La actual pandemia ha cambiado mucho la forma de trabajar en la ULPGC. Hay más de 300 cámaras en servicio para dar clases online o mixtas. ¿Han recibido, por ejemplo, quejas por este tipo de enseñanza?
En el mes que llevamos actuando no ha habido quejas en concreto sobre la enseñanza online. Alguna ha habido con la forma de hacer los exámenes online, distintos a los presenciales, pero no son las mayoritarias…

Entonces…
Pues quejas recibidas sobre notas puestas por profesores. Antes de llegar a nosotros, tal vez sea mejor hablar con el propio profesor, un decano, el representante de los estudiantes en el centro… Muchas veces, esas quejas tienen razón y se resuelven por las vías intermedias. Por eso queremos dar más protagonismo a las delegaciones de estudiantes por centros. Da buen resultado y Tomás lo hace muy bien.

Da la sensación de que el suyo es un órgano al que básicamente pueden acudir los alumnos, pero no es algo exclusivo. También lo pueden hacer el profesorado y el PAS. ¿Por qué motivos?
En estos casos se dan consultas o quejas por malentendidos, falta de empatía, de mediación. Normalmente, son cuestiones que podríamos calificar de convivencia interna. Aquí pasamos muchas horas y esta es nuestra segunda casa.

Leyendo un poco su método de trabajo, da la sensación de que el cargo está muy inspirado en las funciones del Defensor del Pueblo…
Es muy parecido…

Ya, pero usted no da cuenta al Congreso de los Diputados…
No, pero sí al claustro, también con un informe.

Sé que me va a decir que sí, pero se lo pregunto de todas formas. ¿Tiene la sensación de que para la comunidad universitaria este es un órgano válido?
Pienso que es útil porque está muy independizado de todo y no está sujeto ni al equipo rectoral ni a los profesores, que son los ‘dueños’ de sus asignaturas por su libertad de cátedra.

¿Qué le gustaría dejar rematado o avanzado en su mandato?
Vamos a hacer una especie de aplicativo para dar instrucciones a los estudiantes con cuestiones habituales que les afectan. Por ejemplo, qué hacer si no estás conforme con tu nota en un examen. Elaboraremos una guía para que sepa qué se tiene que hacer. Queremos aminorar el número de quejas porque entendemos que la ULPGC funciona bien.

¿Tantas reciben?
Bueno, deben de andar entre 60 y 80 al año, pero si lo hacemos así seguro que nos llegan menos. La Universidad sera más eficaz desde esa perspectiva.

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