Silvia Rodríguez, palmera y residente en Nuuk, asegura en La Radio Canaria que la amenaza ya no se vive como una broma: hay manifestaciones, recomendaciones del Gobierno y niños con miedo a dormir.
“Los niños tienen pesadillas y la gente está asustada”. Así describe Silvia Rodríguez, una canaria de La Palma que vive desde hace doce años en Groenlandia, el clima social que se respira en la Isla tras las últimas declaraciones y movimientos del presidente estadounidense Donald Trump y su reiterado interés por hacerse con el control del territorio ártico.
Silvia fue entrevistada en Canarias Al Cierre de La Radio Canaria, donde relató en primera persona cómo una cuestión que durante años se tomó como una broma ha pasado a generar miedo real entre la población, hasta el punto de que el propio Gobierno groenlandés ha recomendado a los ciudadanos tener comida para al menos cinco días en casa.
“Al principio se tomaba como una broma, pero ahora ya no. El Gobierno ha pedido que estemos preparados y eso hace que la gente se alarme”, explica.
Manifestaciones, miedo y compras moderadas
Según cuenta Silvia desde Nuuk, la capital del país, la preocupación se intensificó tras una manifestación celebrada el pasado fin de semana. Desde entonces, el ambiente ha cambiado: hay más gente en los supermercados, aunque sin escenas de pánico.
“No se están vaciando estanterías, pero sí se nota que la gente compra un poco más de lo normal. Hay miedo, sobre todo entre los niños”, relata.
Profesores de escuelas locales han detectado que muchos menores tienen pesadillas y problemas para dormir, una situación que Silvia califica de “triste” y preocupante.
¿Es posible una ocupación a la fuerza?
Aunque Donald Trump ha negado públicamente una acción militar directa, en Groenlandia muchos ciudadanos creen que una ocupación forzada es una posibilidad real.
“Sí, hay gente que cree que puede pasar, a pesar de todo lo que se diga”, afirma Silvia.
La presencia militar, el valor estratégico del territorio y el control de las rutas marítimas del Ártico alimentan esa sensación de amenaza. Groenlandia se ha convertido en una pieza clave en el tablero geopolítico mundial, no solo por sus recursos minerales y tierras raras, sino también por su posición estratégica en las nuevas rutas comerciales que se abren con el deshielo.
Una palmera en el corazón del Ártico
Antes que nada, Silvia es canaria. Palmera. Llegó a Groenlandia porque su marido consiguió trabajo en el Instituto de Recursos Naturales y terminó echando raíces. Hoy trabaja como ingeniera informática en la Oficina de Contabilidad General del Gobierno de Groenlandia, dedicada a la automatización de procesos.
Vive en Nuuk, una ciudad de unos 20.000 habitantes, donde los inviernos alcanzan los –20 grados y en diciembre apenas hay tres o cuatro horas de luz al día.
A pesar de la dureza del clima, Silvia reconoce similitudes profundas entre la sociedad groenlandesa y la canaria.
“Son gente muy familiar, hospitalaria, acogedora. Me recuerda mucho a cómo era La Palma cuando yo era niña, en Los Sauces”, confiesa.
Identidad, Dinamarca y el futuro
La entrevista también abordó el debate interno sobre la independencia de Groenlandia. Según Silvia, la sociedad está prácticamente dividida entre quienes desean romper con Dinamarca y quienes consideran que aún no es viable por razones económicas, sanitarias y educativas.
“Muchos groenlandeses estudian gratis en Dinamarca, tienen sanidad y medicinas cubiertas. Eso pesa mucho a la hora de pensar en la independencia”, explica.
Canarias, siempre presente
Silvia no visita Canarias desde antes de la pandemia, por motivos familiares y personales, aunque reconoce que la distancia y el coste del viaje también influyen. Aun así, mantiene muy presente su identidad canaria, incluso a miles de kilómetros, en uno de los lugares más fríos del planeta.


