Boreal transforma a Los Silos en un viaje sonoro y cultural por cuatro continentes

El Festival Boreal, en su XIX edición, vuelve a llenar de música y multiculturalidad en Los Silos, al norte de Tenerife

A la sombra de las montañas de Teno y con vistas al océano Atlántico, el pequeño municipio tinerfeño de Los Silos, situado en su extremo norte y con una población menor a los cinco mil habitantes, se transforma este fin de semana en un portal hacia cuatro continentes distintos con la celebración del Festival Boreal, un evento que rompe con los paradigmas de la industria entre la naturaleza.

Durante la que será su XIX edición, este encuentro cultural de referencia en la isla vuelve a revolucionar un pequeño rincón del archipiélago con los sonidos de la banda de rock alternativo colombiana Aterciopelados, el Dj británico Daddy G (uno de los fundadores del grupo británico Massive Attack), la formación sudafricana BCUC, la jamaicana Hempress Sativa o los referentes canarios Veneno Crew, entre otros.

Una propuesta que además moviliza numerosas expresiones culturales a su alrededor, como la intervención plástica del creador portugués Diogo Machado, más conocido como Add Fuel, el trabajo de la residencia de artes vivas y danza contemporánea firmada por Koset Talavera y Gara Hernández, así como talleres especializados, mercados de artesanía y acciones medioambientales.

Movimiento en Los Silos

Todo ello concentrado en el casco histórico de un pueblo coloreado con las casas coloniales típicas de Canarias que cada año suman más adeptos y movilizan a personas de todos los rincones del archipiélago, entre los que es común el formato de estancia en coches, furgonetas y caravanas durante todo el fin de semana.

Con esta iniciativa, el Festival Boreal ha logrado convertir a Los Silos en uno de los lugares de referencia de la isla tras la apoteosis de los grandes eventos veraniegos que congregan a grandes figuras comerciales en las capitales provinciales, con el objetivo, según sus organizadores, de convertirse en un “proyecto social donde la ciudadanía asume el pulso creativo”.

“Lejos de fórmulas gastadas, la propuesta se erige sobre la fuerza de lo comunitario y el arraigo territorial, cruzando la vibración sónica de cuatro continentes con la pedagogía ambiental y la convicción de que el arte solo es legítimo cuando abraza sin fisuras su entorno”, indican desde el festival en una de las comunicaciones previas al inicio del evento.

Y es que si bien el evento ha evolucionado con el paso de los años, ganando peso y atrayendo a cada vez más visitantes, también ha sabido mantener las vinculaciones con el territorio en el que se despliega, con la participación no solo de grandes figuras internacionales “underground”, sino también con la promoción de bandas canarias emergentes.

Un cartel de lujo

Es el ejemplo de Jable, el dúo formado por Jela y Cristina Mahelo, dos figuras de referencia actuales en la escena isleña que mezclan los sonidos más modernos con las tradiciones canarias más antiguas, o el ya mítico grupo lagunero Veneno Crew, la formación que puso hace ya más de diez años el rap canario en el podio de la escena musical española y que recientemente han regresado a los escenarios.

A los locales también se sumaron este viernes las propuestas magnéticas de la cantante marroquí Widad Mjama y el músico tunecino Khalil EPI, el reggae roots clásico de Hempress Sativa, toda una referencia de los sonidos jamaicanos, o el trance telúrico y disruptivo de BCUC, naturales de Soweto.

Mañana sábado, la acción volverá al centro de Los Silos con los ritmos afrocaribeños de la cumbia psicodélica de Candeleros, la poesía nacida del paisaje desértico de los argelinos Imarhan, el regreso a Canarias de los exitosos Aterciopelados y los golpes secos y electrónicos del trip-hop de Daddy G.

En definitiva, un sinfín de mezclas sonoras y de actividades paralelas que aumentan su atractivo por desarrollarse en un lugar único y escondido de la geografía canaria por el que parece que no pasa el tiempo y donde el desenlace siempre es el mismo, el mar, donde la gran mayoría de asistentes recala tras cada jornada para bajar revoluciones y disfrutar de un baño antes de volver a la realidad del mundo cotidiano.

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