Investigadores del CNIO prueban que la dieta alta en grasas favorece la metástasis del cáncer de mama en modelos animales

La obesidad está asociada a un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama y también a que el cáncer se replique en otros órganos (metástasis), pero no se entienden bien por qué. Un estudio revela que seguir una dieta rica en grasas activa los mecanismos de la metástasis
Los detalles de la investigación, realizada por científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y publicada este miércoles en la revista Nature Communications, sugieren que la intervención dietética, junto con el control de la actividad plaquetaria, pueden aumentar la eficiencia de ciertos tratamientos antitumorales.
Para que el cáncer se extienda a otros órganos es necesario que muchas células tumorales salgan del tumor primario, viajen por el torrente sanguíneo, aniden y proliferen en otro órgano.
A veces el tumor primario prepara el terreno de antemano y envía unas moléculas cargadas de proteínas y material genético que actúan como avanzadilla del tumor, modifican el órgano de destino y preparan un ambiente perfecto para que las células tumorales proliferen y desarrollen metástasis, es el llamado ‘nicho premetastásico’.
El estudio, dirigido por Héctor Peinado, jefe del Grupo de Microambiente y Metástasis del CNIO, se llevó a cabo en modelos animales de cáncer de mama triple negativo que desarrollan metástasis en el pulmón.
La investigación mostró que, en ratones obesos que comen mucha grasa, se producen cambios que facilitan la creación del nicho premetastásico en los pulmones: aumentan la activación plaquetaria y la capacidad de coagulación de la sangre, y se activa la fibronectina, la proteína que conecta las células del tejido pulmonar.

Células rodeadas de plaquetas
Se sabe que la obesidad fomenta la coagulación sanguínea, un proceso que depende de las células de la sangre llamadas plaquetas.
Según observó la investigadora del CNIO y primera autora del trabajo Marta Hergueta, en los animales alimentados con muchas grasas, las células que se desprenden del tumor primario están rodeadas por plaquetas que las protegen mientras se diseminan, lo que no sucede en ratones con una dieta normal.
Así, las plaquetas forman «una coraza alrededor de las células tumorales» que impide «que el sistema inmunitario las reconozca y elimine», dice Peinado.
Además, la investigación descubrió que la dieta alta en grasas aumenta la expresión de la proteína fibronectina en el tejido pulmonar donde metastatizan las células tumorales.
La fibronectina construye el tejido que conecta las células de los pulmones, con lo que facilita la creación del nicho premetastásico que acoge a la célula tumoral y también propicia que la célula tumoral interaccione más eficientemente con las plaquetas.
La conjunción de ambos factores provocados por una dieta grasa –mayor activación de plaquetas y más expresión de fibronectina– eleva el número de posibles metástasis y facilita su progresión.
Aunque el trabajo se ha centrado en cáncer de mama triple negativo, Peinado cree que este mecanismo podría extrapolarse a otros tipos tumorales y otros órganos.
Pruebas en pacientes
Para estudiar las implicaciones de estos resultados para pacientes humanas, el equipo analizó muestras de sangre de pacientes de cáncer de mama triple negativo, obtenidas antes de su operación y tras haber pasado por quimioterapia, pero no pudo verificar que la obesidad supusiera un riesgo adicional para la generación de metástasis.
Sin embargo, sí se comprobó que las pacientes que presentaban aumentada la coagulación de la sangre –con menor tiempo de protombina– tenían un mayor riesgo de recaída a cinco años.
Estos hallazgos «podrían ayudar a identificar factores adicionales de riesgo en pacientes de cáncer de mama en tratamiento, contribuyendo a un mejor manejo clínico de la enfermedad», señala Peinado.
Aplicación clínica
Para explorar la aplicación clínica de los resultados, el equipo modificó la dieta de los ratones para retirar las grasas. Con ello, los ratones bajaron de peso, y el comportamiento de las plaquetas y la coagulación volvieron a sus niveles normales. Como consecuencia, se redujeron las metástasis.
«Estos resultados, unidos a estudios clínicos de otros grupos, presentan un futuro en el que la intervención dietética o los cambios en la dieta, junto con el control de la actividad plaquetaria, pueden aumentar la eficiencia de ciertos tratamientos antitumorales», afirma Peinado.
Y aunque no van a constituir un tratamiento en sí mismos, «sí pueden complementarlos», concluye.