El Gran Telescopio Canarias detecta tormentas cósmicas que frenan la vida de las galaxias

Un estudio liderado por el IAC revela cómo los vientos de los agujeros negros supermasivos expulsan el gas necesario para la formación de nuevas estrellas

Investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) han logrado desvelar tormentas cósmicas en galaxias con agujeros negros activos mediante el uso del Gran Telescopio Canarias (GTC). Este fenómeno se asocia directamente con los llamados cuásares oscurecidos, que funcionan como núcleos extremadamente energéticos. La actividad de estos gigantescos objetos puede frenar la formación de nuevas estrellas, un hallazgo que ayuda a explicar por qué algunos sistemas galácticos detienen su evolución y se vuelven inactivos.

Ilustración artística que muestra los vientos ionizados templado y caliente y el gas molecular templado rotando en una galaxia con un AGN
Ilustración artística que muestra los vientos ionizados templado y caliente y el gas molecular templado rotando en una galaxia con un AGN | Gabriel Pérez Díaz / IAC

Los cuásares representan regiones centrales donde un agujero negro supermasivo devora materia de forma frenética, emitiendo en el proceso ingentes cantidades de energía. En el caso de los cuásares oscurecidos, el polvo bloquea parcialmente esa emisión, un factor que facilita a los científicos el estudio del gas y las estrellas que rodean al núcleo. El equipo de investigación trata de responder así a una de las grandes incógnitas de la astronomía moderna: los mecanismos que dictan el fin de la fertilidad estelar en una galaxia.

El rugido de los vientos galácticos

Cuando estos agujeros negros entran en sus fases más activas, liberan una energía colosal capaz de calentar y expulsar el gas de la galaxia en forma de vientos. Este proceso, que los expertos denominan “retroalimentación”, impide que el gas se enfríe, requisito indispensable para que nazcan nuevos astros. El proyecto QSOFEED, bajo la dirección de Cristina Ramos Almeida y el investigador Pedro Henrique Cezar, analizó seis cuásares oscurecidos utilizando el instrumento EMIR del GTC, ubicado en el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma.

Las observaciones en el infrarrojo cercano permitieron al equipo estudiar diversas fases del gas, desde el molecular templado hasta el ionizado a distintas temperaturas. Gracias a esta técnica, los científicos obtuvieron una visión integral de cómo actúan estas tormentas. Los resultados mostraron vientos que alcanzaban velocidades de hasta 9 millones de km/h, lo que equivale aproximadamente al 0,8 % de la velocidad de la luz, afectando de manera crítica a la estructura del gas ionizado en los seis sistemas estudiados.

Un fenómeno de escala universal

El trabajo concluye que las distintas fases del gas ionizado forman parte de un mismo episodio de viento generado por el agujero negro, aunque transportan cantidades de materia diferentes. Por el contrario, los investigadores no hallaron evidencias de vientos en el gas molecular templado, lo que sugiere que este fenómeno concreto requiere condiciones específicas o volúmenes de gas mucho mayores para que los instrumentos actuales puedan detectarlo con claridad.

Estos hallazgos abren una nueva puerta para ampliar el estudio a muestras más grandes de cuásares y otros núcleos galácticos activos. El objetivo final del IAC reside en comprender mejor cómo estos procesos influyen en la evolución de las galaxias a lo largo de la historia del universo. Con estos datos, la comunidad astronómica dispone de una base más sólida para modelar el destino de los sistemas estelares y el impacto transformador de los agujeros negros en su entorno más cercano.

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