Con 50 años al frente del negocio, la mercería de Pino vive estos días la época de mayor actividad gracias a quienes aún apuestan por hacer sus disfraces a mano
La mercería de Pino, en el pueblo de Carrizal, se convierte en un hervidero de gente durante el Carnaval. Cintas, telas, botones y cremalleras salen sin parar de un local que lleva medio siglo siendo referencia en el sureste de Gran Canaria.
A sus 75 años, Pino no piensa en jubilarse. Le gusta atender, aconsejar y buscar la solución exacta para cada cliente, que puede necesitar desde unos metros de cinta de raso hasta el último detalle para rematar un disfraz. “Aquí hay de una aguja a un elefante”, dicen quienes la conocen.
Esta es la época en la que más vende, gracias a quienes prefieren confeccionar sus disfraces desde cero y no recurrir a internet o a los bazares. Una tradición que mantiene viva la mercería y el espíritu más artesanal del Carnaval.


