El mandatario estadounidense está decidido a rediseñar el mapa geopolítico, centralizar el poder absoluto en la Casa Blanca y pisar el acelerador de su ideología ultraconservadora
Tan solo un año después de volver a cruzar las puertas de la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto patas arriba el escenario mundial con una ofensiva comercial en forma de aranceles contra sus propios socios históricos. El líder republicano tensiona alianzas internacionales como la OTAN y demuestra su voluntad de hacer valer el poder militar estadounidense con intervenciones en escenarios tan convulsos como Irán, Venezuela o Yemen.
Doce meses después de su victoria electoral, Trump ha dejado clara una visión geopolítica intervencionista que combina el poder militar duro y la maximización de los intereses económicos de Washington. Bajo la premisa de una doctrina Monroe actualizada, el presidente busca privilegiar la soberanía americana sobre la influencia de China y Rusia, incluso a costa de las alianzas tradicionales que Estados Unidos cultivó durante el último siglo.
La guerra de los aranceles y el nuevo orden comercial
La imposición de aranceles a las principales economías mundiales fue el primer paso de Trump en su intención de abrir un nuevo capítulo internacional. Siguiendo la lógica de reequilibrar el déficit comercial, el mandatario aplicó gravámenes a industrias clave de la Unión Europea, China, México y Canadá, afectando a sectores que van desde el acero y los semiconductores hasta la industria farmacéutica.
Mientras Bruselas asumía un 15 % de sobrecargo general para proteger su sector automovilístico, el pulso solo lo ha mantenido el presidente chino, Xi Jinping. Pese a las tensiones, el presidente norteamericano insiste en el éxito de su estrategia: «Ahora somos el país más rico y respetado del mundo, casi sin inflación y con un precio récord en el mercado de valores».
De la energía nuclear iraní a la captura de Maduro
En política internacional, Trump confirma un perfil más afilado para consagrar la hegemonía estadounidense mediante el ‘poder duro’. La Administración inauguró su mandato con una acción militar en Yemen contra la insurgencia hutí y elevó la tensión con Teherán. En plena crisis de misiles entre Irán e Israel, Trump ordenó el bombardeo de tres instalaciones nucleares iraníes, incluyendo la planta de Fordo.
El líder estadounidense consideró un «éxito espectacular» el ataque que, según reivindicó, logró «destruir la capacidad nuclear de Irán». La culminación de esta política llegó el pasado 3 de enero con la intervención militar en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Este movimiento, sumado a las amenazas sobre Groenlandia y el giro en la ayuda a Ucrania, evidencia un acercamiento a Rusia para finalizar la invasión iniciada por Vladimir Putin en febrero de 2022.
La expansión del poder ejecutivo y el control institucional
En el plano interno, Trump ha firmado un récord de 225 órdenes ejecutivas en 2025 con la intención de convertirse en principio y fin de la autoridad nacional. El mandatario creó el Departamento de Eficacia Gubernamental, dirigido por Elon Musk, para reducir el tamaño de las agencias federales y combatir el despilfarro. Además, ha declarado la guerra a lo que denomina «ideología extremista de género» y ha designado el inglés como lengua oficial.
Aunque en campaña negó conocer el Proyecto 2025, Trump ha cumplido sus principios básicos: reestructuración del Gobierno y control migratorio. Para blindar sus decisiones, el presidente ha mantenido una actitud agresiva contra los tribunales federales, encontrando un aliado en la mayoría conservadora del Tribunal Supremo, que falló a favor de limitar las competencias de los jueces para vetar decisiones presidenciales.
El presidente por encima de las instituciones
Los primeros 365 días de mandato también destacan por la intervención en las universidades y la presión sobre la Reserva Federal. Trump ha excluido a agencias de noticias de la Casa Blanca y ha condicionado las credenciales de prensa al silencio sobre información clasificada. Asimismo, el presidente ha indultado a los participantes del asalto al Capitolio y a funcionarios condenados por corrupción, en un escenario donde las dos cámaras del Congreso permanecen bajo su control absoluto.
La «Teoría del Ejecutivo Unitario» define hoy la política de Washington: una concentración de poder donde el presidente declaró abiertamente que el uso de su autoridad solo está constreñido por su «propia moralidad». Con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte, el efecto de esta presidencia expandida parece haber calado tan hondo que estas herramientas de control vertical probablemente sobrevivirán a su propio mandato.


