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25 abril 2024 8:33 am

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El cambio climático aumenta las condiciones ideales para grandes incendios

El cambio climático incrementa las condiciones ideales para los grandes incendios. Así lo señala un estudio coliderado por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE). Establece los elementos (ignición, combustible, sequía y condiciones meteorológicas apropiadas) y mecanismos necesarios para que se produzcan grandes incendios forestales

El cambio climático incrementa las condiciones ideales para los grandes incendios, en los que el clima es uno de los principales desencadenantes. El clima propicia la inflamabilidad del combustible, las condiciones de sequía y la efectividad de las igniciones.

En un artículo publicado recientemente en la revista «Frontiers in Ecology and the Environment» de la Sociedad Ecológica de América (EE.UU.), establece un modelo que muestra cómo se relacionan estos cuatro ingredientes. Sostiene que el cambio climático incrementa las condiciones ideales para los grandes incendios

El modelo establece que los grandes incendios se producen cuando se traspasan simultáneamente tres umbrales. Estos umbrales son el de las igniciones, el de la disponibilidad de combustible y el de la sequía. Los niveles de estos tres parámetros disminuyen y se cruzan más fácilmente con unas condiciones meteorológicas determinadas, como los vientos secos y las altas temperaturas. Condiciones favorecidas por el cambio climático.

Una vez se traspasan esos tres umbrales, se generan incendios que pueden ser de gran magnitud (megaincendios), generar su propia dinámica (las llamadas «tormentas de fuego»), y superar la capacidad de extinción de los bomberos. 

Las condiciones meteorológicas aparecen como factor desencadenante

Las condiciones meteorológicas aparecen como factor desencadenante para que se produzcan incendios en un ecosistema determinado. Reducen los umbrales de los otros tres ingredientes. Según este estudio, el cambio climático en forma de sequía y altas temperaturas hace posible que se necesiten menos igniciones. También que se necesite menos combustible para provocar grandes incendios forestales. 

En la misma dirección actúa el hecho que cada vez llegan más huracanes tropicales a las costas de la península ibérica que favorecen la propagación de los incendios.

“Es importante tener en cuenta que una ignición y unas condiciones meteorológicas propicias para los incendios no son suficientes para los grandes incendios; se necesita también biomasa extensa e inflamable”, explica el investigador del CIDE. 

La disponibilidad de este «combustible» se ve afectada por la topografía, el tipo de vegetación, su estructura y el uso humano del monte, entre otros factores. 

“Se requiere cierta continuidad del combustible para que se generen grandes incendios, y en la Comunidad Valenciana, así como en toda la cuenca mediterránea, esta continuidad se genera principalmente por al abandono rural, por la reducción de la agricultura y del pastoreo”, sostiene Pausas.

El cambio climático influye también en el tamaño y duración del incendio

Así, el cambio climático no sólo afecta al comportamiento del fuego (haciéndolos más intensos), sino que también influye en el incremento del tamaño y la duración del incendio, así como a la ventana temporal donde se pueden dar los grandes incendios. 

Entre las conclusiones que se extraen del estudio que pueden resultar útiles para gestionar los factores desencadenantes de estos grandes incendios, los autores plantean que evitar solo uno de estos factores clave para que comience un gran incendio forestal (igniciones, sequía o continuidad del combustible) podría reducir significativamente la probabilidad de que se produzcan incendios forestales.

“Es importante reducir las igniciones en las zonas donde el viento tiene un papel preponderante en generar grandes incendios. En cambio, generar discontinuidades del combustible, es más relevante en los ecosistemas donde la sequía es clave para los incendios”, revela Pausas. 

Los investigadores proponen que, cuando la modificación de estos factores no sea posible, se designe unas zonas de peligro de incendio donde se reduzca al mínimo la actividad humana, al igual que se hace ahora con zonas cerca de volcanes activos o en zonas propensas a inundaciones.

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