De una modesta iniciativa en la Casa de Campo a liderar la industria turística global, la feria celebra su evolución con un enfoque renovado en la cultura y la tecnología
Lo que hoy conocemos como, Fitur, el epicentro del turismo mundial, tuvo un comienzo discreto pero ambicioso. Corría el invierno de 1981 cuando el Palacio de Cristal de la Casa de Campo abría sus puertas a un experimento: la primera Feria Internacional de Turismo de Madrid. Con apenas 252 expositores y el respaldo de la Corona, aquel evento nació con la promesa de ser el «gran foro de la concordia», una ambición que superó las expectativas al atraer a 3.000 profesionales en su debut.
El salto a la modernidad y la resiliencia política
La década de los 80 fue un motor de crecimiento acelerado. En solo seis años, la feria multiplicó su tamaño por diez, convirtiéndose en el catálogo vivo de un mundo que aún no conocía la inmediatez de Google. En 1992, el evento encontró su hogar definitivo en el Parque Ferial Juan Carlos I, pero fue un año antes, en 1991, cuando demostró su verdadera fortaleza: a pesar de la sombra de la Guerra del Golfo, la feria se mantuvo firme, enviando un mensaje de paz a través del intercambio cultural.
Los años 90 no solo trajeron la mudanza, sino también una apertura hacia la solidaridad global. Desde la integración de los países del bloque del Este tras el telón de acero, hasta el apoyo a Centroamérica tras el huracán Mitch, Fitur dejó de ser solo un negocio para convertirse en un actor social. Además, en 1996, la feria dio su primer gran paso tecnológico al lanzar su plataforma digital, anticipándose a la revolución de la red.
La era de los récords y el nicho de mercado
Con el cambio de milenio, la estrategia de la feria evolucionó hacia la precisión. Ya no bastaba con estar presente; había que especializarse. La creación de Fitur Congresos en el año 2000 marcó el inicio de una era de segmentación que llevó al evento a cifras astronómicas: en 2001, ya se contaban 170 países y más de 8.000 empresas participantes.
Pese a las turbulencias financieras de 2008, la feria supo reinventarse mirando hacia el futuro. Se crearon espacios como Fitur Tech y Fitur Green, pioneros en poner el foco sobre la sostenibilidad y la digitalización mucho antes de que fueran términos comunes. Este espíritu de adaptación culminó en un 2020 histórico, donde la feria recibió a un cuarto de millón de personas justo antes de que el mundo cambiara para siempre.
Horizonte 2026: cultura y tecnología
En la actualidad, FITUR 2026 se presenta como un laboratorio de experiencias. El foco ha pasado del simple destino a la inmersión cultural. Gracias a herramientas de realidad aumentada, el patrimonio histórico se vuelve interactivo, conectando con un turista más joven y exigente que busca autenticidad sin renunciar a la tecnología.
El compromiso actual es claro: la identidad local es el valor más preciado. El modelo de éxito ya no se mide solo en número de visitantes, sino en el respeto a los recursos naturales y el beneficio real para las comunidades anfitrionas. FITUR sigue demostrando que, tras más de cuatro décadas, su mejor recurso es la capacidad de unir la tradición de los pueblos con las herramientas del siglo XXI.


