El fuego obligó a desalojar a más de 20 personas, cuatro de ellas heridas, en el incendio de un edificio en Arona, en el sur de Tenerife, en el que conviven en pésimas condiciones
Más de una veintena de personas, entre ellas cuatro heridas, han sido desalojadas en la madrugada de este martes tras el incendio de un edificio en Arona. Se encontraban en el interior de un inmueble en cuya parte superior hay una zona dividida en habitáculos donde residen unas 22 personas. Al entrar en la zona para entrevistar a los afectados, la periodista Carolina Armas, de Canarias Radio, se encontró con un panorama devastador. Personas hacinadas en habitaciones sin ventilación, suelo anegado, un baño para compartir, escombros cayendo del techo… Un lugar al que sus habitantes han llegado por diferentes motivos y en el que pagan por una cama hasta 600 euros al mes.
Un microondas
Se trata de infraviviendas ubicadas en la calle El Coronel, en Los Cristianos. Tuvieron que ser evacuados poco antes de las cinco de esta madrugada por la azotea debido a la gran cantidad de humo que generó el fuego. Todo apunta a que la alarma pudo partir de un microondas.
Los bomberos tuvieron que seguir con las labores de extinción y refresco hasta las 9:00 horas aproximadamente. También seguían a esa hora varias ambulancias asistiendo a algunos de los residentes. Cuatro de ellos han tenido que ser hospitalizados sin heridas graves por inhalación de humo.
Los heridos son tres mujeres de 86, 71 y 35 años con intoxicaciones por inhalación de humo y que fueron trasladadas al Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria y Hospiten Sur. También un hombre de 40 años, también con intoxicación por inhalación de humo, y que también fue derivado a Hospiten Sur.
Infraviviendas
La noticia atrajo hasta el lugar a los medios de comunicación, entre los que estaban la Televisión Canaria y la Radio Canarias. Carolina Armas, periodista de la radio, entró al edificio para entrevistar a los afectados y recabar datos de lo ocurrido y se encontró con las pésimas condiciones en las que viven hacinadas más de 20 personas de múltiples nacionalidades y edades.
En la azotea han convertido cuartos trasteros en habitaciones en las que no cuentan con armario y en las que el agua entra por debajo de la puerta cuando llueve. En otros de esos cuartos, han instalado varias literas y duermen hasta cinco personas y unas taquillas para sus objetos personales y ropa.
Muchas ni siquiera cuentan con ventanas, luz o agua. Comparten baños que no cumplen con la mínima limpieza o mínimas condiciones de mantenimiento. La cocina, también compartida, relatan que no funciona en la mayoría de las ocasiones. Y el espacio al aire libre en la azotea, discurre entre escombros y basura.
En las zonas comunes interiores cuelgan escombros, tubos y cables del techo y el suelo está cubierto por varios centímetros de agua. Debajo, las baldosas están hechas añicos.
Todos sus habitantes traen tras de sí sus historias, pero la mayoría asegura que aguanta estas condiciones de vida por el alto precio del alquiler. Es lo único que se pueden permitir a pesar de que pagan cantidades entre 600 euros al mes o 160 por cinco días si la estancia es más corta.
Entre sus habitantes hay ciudadanos canarios, pero también belgas, daneses, finlandeses, noruegos, italianos, franceses o alemanes. Una torre de Babel en la que el único idioma común es la precariedad.


