Los hantavirus son un grupo de virus zoonóticos transmitidos por roedores con una alta letalidad en humanos y con especial incidencia en países de América
Los hantavirus, un grupo de virus zoonóticos transmitidos principalmente por roedores, continúan siendo una preocupación relevante para la salud pública mundial debido a su alta letalidad en humanos. Aunque las infecciones son relativamente poco comunes, su impacto puede ser grave, con tasas de mortalidad que alcanzan hasta el 50 % en algunas regiones de América.
Estos virus pertenecen a la familia Hantaviridae y se encuentran distribuidos en distintas partes del mundo, donde cada variante suele estar asociada a una especie específica de roedor. El virus puede permanecer sin causar síntomas en estos animales, lo que facilita su propagación silenciosa en el entorno.
Según señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), en humanos la infección puede dar lugar a dos cuadros clínicos principales dependiendo de la región. En América, predomina el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), una enfermedad de rápida evolución que afecta gravemente a los pulmones y al corazón. En cambio, en Europa y Asia es más común la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), que compromete principalmente los riñones y los vasos sanguíneos.
Problema significativo en América
Cada año se estiman en más de 25.000 casos en todo el mundo, con mayor incidencia en Asia y Europa. Sin embargo, aunque América reporta menos casos, la gravedad del SCPH lo convierte en un problema significativo. Países como Argentina, Chile y Brasil registran casos esporádicos, pero con una elevada tasa de letalidad.
La transmisión al ser humano ocurre principalmente por la inhalación de partículas contaminadas con orina, saliva o excrementos de roedores infectados. Actividades como limpiar espacios cerrados, trabajar en el campo o habitar viviendas infestadas aumentan el riesgo.
Los síntomas iniciales pueden confundirse con otras enfermedades comunes, incluyendo fiebre, dolor muscular, cefalea y trastornos gastrointestinales. En fases avanzadas, pueden aparecer dificultades respiratorias severas o insuficiencia renal, dependiendo del tipo de infección.
Actualmente, no existe un tratamiento antiviral específico ni vacuna aprobada contra el hantavirus. La atención médica se basa en cuidados de apoyo, con monitorización intensiva y tratamiento de las complicaciones. La detección precoz y el acceso a unidades de cuidados intensivos son factores clave para mejorar la supervivencia.
Prevención, herramienta más eficaz
Según señala la OMS, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Entre las medidas recomendadas se incluyen mantener la limpieza en hogares y lugares de trabajo, sellar posibles entradas de roedores, almacenar alimentos de forma segura y evitar la limpieza en seco de áreas contaminadas. También se recomienda humedecer superficies antes de limpiarlas y reforzar la higiene de manos.
En entornos sanitarios, el riesgo de transmisión es bajo si se aplican medidas estándar de control de infecciones, como el uso adecuado de protección y el manejo seguro de fluidos corporales. La identificación temprana de casos sospechosos y el aislamiento oportuno siguen siendo fundamentales para evitar brotes.
En general no es necesario aislar zonas completas de la UCI, ya que la transmisión persona a persona es extremadamente rara. En la mayoría de los casos basta con aplicar precauciones estándar y de contacto. Por tanto, no se requieren medidas de aislamiento de alto nivel como en el caso de otras patologías altamente contagiosas como, por ejemplo, la fiebre hemorrágica generada por la infección por el virus del Ébola.
En relación con el COVID-19, existen similitudes entre ambas patologías en el sentido de que ambas pueden cursar una insuficiencia respiratoria grave y requerir en algunos casos soporte con ventilación mecánica e incluso ECMO. Sin embargo, a diferencia del COVID-19, el hantavirus no presenta transmisión comunitaria sostenida ni se han desarrollado para su tratamiento fármacos antivirales eficaces. Además, la fisiopatología difiere en cuanto al protagonismo de la fuga capilar en el caso de la infección por hantavirus frente a la afectación inflamatoria pulmonar más difusa del SARS-CoV-2.
En pocas palabras
- Las infecciones por hantavirus son zoonosis transmitidas por roedores infectados.
- Se estima que existen aproximadamente 26.000 casos humanos anuales de infección por distintas especies de hantavirus en todo el mundo, especialmente en América y África.
- El contacto con roedores es el factor clave en la transmisión, ya que los hantavirus se eliminan por la orina, heces o saliva de roedores infectados.
- Se distinguen dos cuadros principales, el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) de mayor gravedad y peor pronóstico, predominante en América, y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), más frecuente en Europa y Asia.
- El SCPH cursa con fiebre inicial inespecífica seguida de insuficiencia respiratoria aguda, shock y fracaso multiorgánico. El diagnóstico se confirma mediante serología o PCR. No existe un antiviral claramente eficaz en fases avanzadas, por lo que el tratamiento se basa en el soporte vital, que debe realizarse en una UCI.
- La mortalidad del SCPH en los casos de mayor gravedad puede ser elevada, de ahí que el diagnóstico precoz sea clave para mejorar la supervivencia.


