El volcán de Fuencaliente cumple 55 años desde que emergió el 26 de octubre de 1971 y cambió el paisaje del extremo meridional de la isla. Su actividad se prolongó durante 24 días, dejó una profunda huella geológica y convirtió aquel episodio volcánico en uno de los acontecimientos más recordados de la historia reciente de La Palma
El sur de La Palma vuelve la mirada hacia uno de los episodios más significativos de su historia contemporánea. El volcán Teneguía cumple 55 años desde que comenzó su erupción, el 26 de octubre de 1971, cuando la tierra se abrió en las proximidades de Los Quemados, en el municipio de Fuencaliente, para dar paso a un proceso volcánico que modificó de manera permanente la fisonomía de este territorio.
Durante 24 días, hasta el 18 de noviembre de aquel año, la actividad eruptiva transformó el paisaje mediante la emisión de lava, cenizas, lapilli y otros materiales volcánicos. El fenómeno atrajo la atención de investigadores, medios de comunicación y numerosos habitantes de la isla, que siguieron de cerca la evolución de un acontecimiento excepcional por sus dimensiones y por su impacto en la vida de la población.
El nacimiento de un nuevo volcán
La erupción llegó precedida por actividad sísmica, un fenómeno que acompañó los momentos previos a la apertura de las fracturas en el terreno. El 26 de octubre comenzaron las emisiones de gases y materiales volcánicos, que evolucionaron posteriormente hacia la expulsión de lava por distintos puntos de emisión.
El Teneguía desarrolló varios centros eruptivos a lo largo de una fractura, hasta configurar el edificio volcánico que hoy caracteriza este enclave de Fuencaliente. Las coladas avanzaron por las pendientes del terreno y alcanzaron el océano Atlántico, donde ampliaron la superficie terrestre en el extremo sur de La Palma.
La evolución del volcán tampoco mantuvo un comportamiento uniforme durante todo el proceso. Los materiales expulsados y las características de las coladas experimentaron cambios a medida que avanzaba la erupción. Los estudios geológicos posteriores han convertido el Teneguía en un referente para comprender la dinámica eruptiva de Cumbre Vieja, especialmente por la información científica que dejó aquel episodio.

Una erupción que marcó a toda una generación
La aparición del Teneguía trascendió el ámbito estrictamente geológico. La noticia despertó una enorme expectación y llevó hasta Fuencaliente a personas procedentes de distintos puntos de La Palma y de otros lugares. Muchos acudieron para observar directamente las emisiones incandescentes y contemplar cómo la actividad volcánica transformaba el horizonte.
La erupción también dejó consecuencias humanas y materiales que forman parte de su memoria histórica. Dos personas fallecieron por la inhalación de gases relacionados con el episodio volcánico, mientras que los movimientos sísmicos y la actividad eruptiva ocasionaron daños en infraestructuras y terrenos agrícolas. Las autoridades también adoptaron medidas preventivas y evacuaron a vecinos de algunas zonas próximas.
Aunque el Teneguía suele recordarse por el limitado impacto de sus coladas sobre los núcleos habitados, aquella erupción no estuvo exenta de riesgos. Su ubicación y la dirección que siguieron los materiales volcánicos condicionaron buena parte de sus consecuencias. La ausencia de una destrucción generalizada de poblaciones no debe ocultar las pérdidas humanas ni las dificultades que afrontó la comunidad durante aquellos días.
La huella de la lava en el paisaje de Fuencaliente
Una de las principales consecuencias del proceso eruptivo fue la transformación del litoral. Las coladas alcanzaron el mar y generaron nuevas superficies terrestres, mientras los materiales volcánicos configuraban un paisaje que todavía hoy permite observar diferentes manifestaciones de la actividad magmática.
La nueva geografía adquirió con el paso del tiempo un valor económico y turístico. Los terrenos ganados al océano también encontraron aprovechamiento agrícola, mientras que el entorno volcánico comenzó a despertar el interés de quienes visitaban la isla para conocer sus paisajes naturales.
El Teneguía pasó así de representar un episodio de incertidumbre a convertirse en uno de los principales símbolos del patrimonio geológico de Fuencaliente. Su presencia, junto con la del cercano volcán de San Antonio, contribuyó a consolidar la identidad volcánica de este municipio del sur palmero.
La relevancia de este espacio también cuenta con reconocimiento institucional. El entorno forma parte de un patrimonio natural que conserva materiales y estructuras de gran interés científico. Sus coladas y depósitos permiten estudiar las distintas fases de la erupción, así como los cambios en la composición y el comportamiento de las lavas.
Del volcán más joven al recuerdo del Tajogaite
Durante décadas, el Teneguía conservó un lugar destacado en la historia volcánica reciente de España. Desde 1971 y hasta septiembre de 2021, representó la erupción terrestre más reciente del país. Ese protagonismo cambió cuando el 19 de septiembre de 2021 comenzó la erupción del volcán de Cumbre Vieja, conocido posteriormente como Tajogaite.
La comparación entre ambos episodios permite observar dos realidades muy diferentes de la actividad volcánica en La Palma. Mientras el Teneguía desarrolló su actividad en una zona del extremo sur con un impacto relativamente limitado sobre los núcleos poblados, el Tajogaite provocó graves consecuencias sociales, económicas y territoriales, especialmente en el Valle de Aridane.
Sin embargo, ambos acontecimientos comparten una importancia fundamental para el conocimiento científico de la isla. Las erupciones de 1971 y 2021 recuerdan que La Palma es un territorio geológicamente activo, cuya configuración responde a millones de años de procesos volcánicos.
55 años de memoria y patrimonio geológico
Medio siglo después de su nacimiento, el Teneguía continúa siendo uno de los enclaves más reconocibles de Fuencaliente. Su silueta, las tonalidades oscuras de sus materiales y las coladas que descienden hacia el litoral mantienen vivo el recuerdo de aquellas jornadas de octubre y noviembre de 1971.
Su interés no se limita a la contemplación del paisaje. La erupción constituye un valioso registro para la investigación volcanológica, ya que los materiales que expulsó permiten analizar la evolución del magma, la formación de los conos y la alternancia de los distintos centros de emisión. El Instituto Geológico y Minero de España recoge este enclave en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico.
El aniversario también invita a reflexionar sobre la relación histórica entre los habitantes de Canarias y los volcanes. Estos fenómenos pueden provocar pérdidas y situaciones de enorme dificultad, pero también intervienen en la construcción del territorio y en la formación de los paisajes que definen al Archipiélago.
A los 55 años de aquella erupción, el Teneguía sigue siendo mucho más que un cono volcánico en el extremo sur de La Palma. Es parte de la memoria colectiva de Fuencaliente, un testimonio de la fuerza transformadora de la naturaleza y un patrimonio geológico que permite comprender mejor el origen y la evolución de una isla cuya historia está estrechamente ligada a los volcanes.


