Salva a dos vacas del sacrificio inscribiéndolas como animales de compañía

Dos vacas como animales de compañía: así las salvó un vecino de Lepe del sacrificio

Ni un gato, ni un perro o un loro. Un vecino de Lepe, en Huelva, tiene como animales de compañía a dos vacas, un caso casi único en España que se inició cuando hace dos años las salvó del sacrificio recién nacidas y hoy día las tiene dadas de alta como cualquier mascota y conviven con él en su finca de la localidad onubense.

José Antonio Oria, vecino de Lepe, tiene a dos vacas como animales de compañía, en el único caso que se conoce en Andalucía y de los pocos en el mundo. Hace dos años las salvó recién nacidas de ser sacrificadas, y ahora, en su finca de la localidad onubense, las dos son parte de la familia de su dueño, con pasaportes y microchips de identidad incluidos.
José Antonio Oria muestra los pasaportes de sus vacas | EFE / Fermín Cabanillas

Se trata de una historia que tiene como protagonista a José Antonio Oria Fernández, un hombre que cuenta con una finca de unas 14 hectáreas en el municipio onubense donde las dos vacas, Tiberia 1 y Tiberia 2, nombres que le puso el veterinario, pastan a sus anchas, ajenas a que hace dos años pudieron morir para ser el menú de una comida organizada en Sevilla.

Su historia, de hecho, es el resultado de una mezcla de burocracia, ternura y resistencia porque Oria no sabía cómo salvarlas legalmente del sacrificio, y decidió adoptarlas como animales de compañía, de modo que tienen los mismos derechos que cualquier mascota aunque con algunos matices a la hora de pasearlas o alimentarlas.

Se las llevó para que no las matasen

En su finca, pegada a la carretera que une la playa lepera de La Antilla con su puerto pesquero de El Terrón, José Antonio explica a EFE lo que sucedió aquel día que acudió invitado a un almuerzo en Sevilla y se encontró “con que había dos terneras recién nacidas destinadas al matadero”.

“Comencé a acariciarlas y eran muy cariñosas, y decidí que no las matarían”, dice, al tiempo que señala que le dijo a sus anfitriones que él compraría “toda la carne que hiciese falta para la comida, pero esas vacas se iban para Lepe”. Minutos después ya estaban en su coche y cuando llegó a su pueblo fueron directas a la finca donde viven.

José Antonio Oria, vecino de Lepe, tiene a dos vacas como animales de compañía, en el único caso que se conoce en Andalucía y de los pocos en el mundo. Hace dos años las salvó recién nacidas de ser sacrificadas, y ahora, en su finca de la localidad onubense, las dos son parte de la familia de su dueño, con pasaportes y microchips de identidad incluidos.
José Antonio Oria acaricia a una de sus vacas | EFE / Fermín Cabanillas

Allí llevan dos años y esas pequeñas terneras se han convertido en unas vacas que impresiona verlas de cerca. “No te preocupes, acércate, pero ten cuidado con los cuernos”, explica el propietario de los dos animales, que ha tenido que rellenar decenas de papeles para poder tener legalmente a sus vacas como animales de compañía.

Y si se trata de precedentes, en España está el de ‘Loli’, que, como las dos vacas leperas, tiene toda su documentación en regla para convivir con los gestores del Santuario de la Fundación Vegan de Brunete, en Madrid.

Gestiones contra la burocracia

José Antonio ha visto crecer a sus vacas a golpe de biberón, pienso y paja. Pero un día recibió una carta en la que le informaban de que, para tenerlas consigo, la normativa exige un código de explotación ganadera, instalaciones reguladas y que los animales lleven los correspondientes crotales en las orejas para su control y trazabilidad.

De esta forma, se puso a investigar y encontró la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, que permite tener como animales de compañía los que han sido de producción, siempre que dejen de tener esa finalidad.

Su artículo 1 apartado b dice que tienen que dedicarse a «explotación, transporte, experimentación y sacrificio en todo su ciclo vital salvo el supuesto de que, perdiendo su fin productivo, el propietario decidiera inscribirlo como animal de compañía en el Registro previsto en la presente ley”, y con ese párrafo en mano acudió a un veterinario y comenzó el proceso.

Tienen sus papeles, su microchip y todo lo que tiene cualquier animal que viva con sus dueños”, afirma José Antonio Oria, que, a sus 60 años, muestra incluso un certificado médico que asegura que para algunas de sus dolencias es recomendable convivir, pasear y acariciar a estos animales.

Antes de despedirse defiende que lo que ha hecho es algo normal, porque se basa “en defender la vida» de sus mascotas, y asegura que la única diferencia con otros animales que puedan vivir en cualquier casa es que “cuando tiene que verlas el veterinario, en lugar de llevarlas directamente a su consulta, es él el que viene a la finca”.

Fermín Cabanillas / EFE

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