Ángel Borrero impulsa la agricultura regenerativa con especies tropicales en Fuerteventura

El joven agricultor cultiva con éxito un bosque comestible de autoconsumo sobre los áridos suelos del pueblo de Tefía

El joven agroecólogo Ángel Borrero transforma los suelos áridos de Tefía, en Fuerteventura, mediante un exitoso proyecto de agricultura regenerativa de autoconsumo. Con 26 años cultiva especies tropicales en un oasis climático que diseñó tras la pandemia de la COVID-19.

Informa: Redacción Informativos RTVC

Ángel Borrero lidera una iniciativa pionera que desafía el clima semidesértico de la isla canaria. Su huerta alberga un bosque comestible que rompe los esquemas de la agricultura tradicional de la zona.

Un oasis de biodiversidad en Tefía

En pleno corazón de Tefía nació la idea de introducir árboles frutales poco comunes en la isla. Por lo tanto, el promotor contactó con diversos viveros especializados durante el confinamiento por el coronavirus. El terreno cuenta actualmente con una variedad vegetal asombrosa que supera cualquier expectativa inicial.

Asimismo, el espacio funciona como una finca experimental abierta a la innovación constante. Borrero confiesa un profundo orgullo por consolidar este vergel en una superficie tan compleja. La iniciativa visibiliza el potencial oculto de las tierras del interior de Fuerteventura.

Suelo fértil creado desde cero

El secreto del éxito radica en la regeneración previa del suelo mediante técnicas puramente agroecológicas. En consecuencia, el agricultor añade grandes cantidades de materia orgánica y estiércol a la parcela. También aprovecha todos los residuos vegetales para nutrir la tierra de forma natural.

Esta estrategia aporta una fertilidad excelente que se manifiesta de forma directa en cada recolección. Actualmente, la finca produce alimentos de una calidad asombrosa durante las cuatro estaciones del año. El huerto ofrece ahora mismo cosechas masivas de puerros que ocupan zonas enteras.

Desafíos hídricos y relevo generacional

La producción sorprende por el tamaño de unos puerros que alcanzan un metro de altura. Incluso las plantas de pitahaya ofrecen frutos que rozan los 2 kilogramos de peso. Sin embargo, el agua falla continuamente y condiciona las rutinas de trabajo diarias.

Por desgracia, la falta de riego provocó la pérdida de cosechas enteras en varias ocasiones. El desabastecimiento también complicó la supervivencia de los animales de la granja experimental. Por este motivo, Borrero busca alternativas constantemente para mantener el ganado en buenas condiciones.

A pesar de los logros, el joven agroecólogo observa el futuro del sector con bastante incertidumbre. Los jóvenes muestran poco interés por el campo y el relevo generacional escasea. Además, las trabas burocráticas restan las ganas a los nuevos emprendedores rurales.

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