Elena Chedas: «El hecho de ser isleños crea un vínculo especial»

Con motivo del estreno de los nuevos episodios de ‘Macaronesia. Islas Felices’, hablamos con la reportera Elena Chedas sobre los vínculos que unen a Canarias con el resto de la Macaronesia

Con la llegada del verano, Televisión Canaria emprende un nuevo viaje por la Macaronesia con el estreno de tres nuevos episodios de ‘Macaronesia. Islas Felices’, cuya primera entrega se emitirá este jueves 2 de julio, a las 22:30 horas. La serie documental vuelve a recorrer los archipiélagos atlánticos para descubrir sus paisajes, su patrimonio y las historias de quienes los habitan.

Con motivo de este estreno, hemos hablado con Elena Chedas, una de las reporteras que ha recorrido la Macaronesia desde que se estrenara en 2023.

En esta entrevista, Chedas reflexiona sobre los lazos que unen a Canarias con el resto de la Macaronesia, los lugares que más le han sorprendido durante estos años de recorrido y las historias que se ha encontrado por el camino.

Después de recorrer distintas islas de la Macaronesia, ¿qué dirías que tienen en común, más allá de estar rodeadas por el mar?

Después de recorrer la Macaronesia, me he dado cuenta de que somos archipiélagos con una identidad muy fuerte, profunda y arraigada. Todos los territorios de esta región presumen con orgullo de su cultura, sus lenguas, sus formas de vida, su música, sus tradiciones y sus paisajes.

El hecho de ser isleños crea un vínculo especial. Allí donde vamos, en estos territorios, sentimos una acogida cercana, amable y cálida, como si formáramos parte de un mismo lugar. Es casi una relación de parentesco: compartimos caracteres, formas de entender la vida y maneras de relacionarnos muy similares.

Incluso nuestra historia también camina de la mano. El origen volcánico es una de nuestras grandes señas de identidad. Azores, Cabo Verde y Canarias han vivido en los últimos años situaciones que recuerdan la fuerza y la fragilidad de estos territorios insulares.

También compartimos una historia marcada por la emigración, forma parte de nuestra identidad y explica también esa mezcla de culturas y miradas que caracteriza a la Macaronesia.

Cada archipiélago tiene su propia personalidad, pero todos conservan las huellas de ese gran intercambio atlántico que durante siglos ha unido sus pueblos, sus culturas y sus historias.

De todos los lugares que visitaste, ¿cuál fue el que más te sorprendió y por qué?

No podría quedarme con un solo lugar, así que voy a destacar dos. El primero, el que más me impactó a nivel emocional, fue la isla de Fogo, en Cabo Verde. Viajamos allí poco después de la erupción del volcán de La Palma, y nos encontramos con una realidad muy cercana. Unos años antes, en 2014, Fogo había vivido la erupción del volcán Pico de Fogo, una erupción que destruyó dos poblaciones, hizo desaparecer casas y obligó a evacuar a todos sus habitantes.

Cuando llegamos, nos sorprendió muchísimo ver cómo, mientras seguían trabajando para recuperar su comunidad, seguían con mucha atención lo que ocurría en la isla “vecina” de La Palma, sintiendo como propio el dolor de los palmeros. Esa sensación de hermandad, de entender el sufrimiento del otro porque tú también lo has vivido, fue uno de los momentos más emotivos del viaje.

El otro lugar con el que me quedo es Faial, en Azores. Es una isla quizá menos conocida porque muchos viajeros suelen centrarse en Terceira o São Miguel, pero tiene una personalidad increíble. Situada en el llamado triángulo de las Azores, ha sido históricamente un punto de paso para los navegantes que cruzan el Atlántico. Su pequeña capital, Horta, tiene un ambiente muy especial, marinero y acogedor.

Es una isla de contrastes. Es profundamente verde y, al mismo tiempo, marcada por su origen volcánico. Sus paisajes están llenos de praderas, faros mirando al océano, calderas impresionantes y unas vistas espectaculares hacia el volcán de Pico, en la isla de enfrente, una montaña que visualmente recuerda mucho al Teide.

Si tuviera que explicarla desde Canarias, diría que Faial es una mezcla perfecta entre El Hierro y La Gomera. Es un paraíso verde con mucha alma.

¿Cuál fue el mayor reto durante  las grabaciones, tan lejos de casa?

El mayor reto para todos fue la logística, conseguir calcular y cuadrar las distancias, los tiempos de grabación, que todo se cumpliera en tiempo y forma. Todo, teniendo en cuenta que vas a otro país, con otro idioma y todo lo que supone. Desde Canarias podemos planear las grabaciones pero cuando llegas allí, muchas veces tienes que improvisar porque hay situaciones que no puedes predecir cómo la meteorología por ejemplo.

Hemos accedido a localizaciones remotas como Islas Desertas, a las que muy poca gente se ha acercado. Son un pequeño archipiélago deshabitado al sureste de la Isla de Madeira. Son especialmente conocidas por albergar una de las últimas poblaciones de la foca monje, una de las más amenazadas del mundo. No hay habitantes permanentes, estar en un lugar tan remoto y desolado da un poco vértigo.

Después de tantos kilómetros y tantas vivencias, ¿con qué te quedas de este viaje?


Me quedo con cientos de paisajes grabados en la retina. Me quedo con muchos sabores macaronésicos que no conocía, como la cachupa, en Cabo Verde, o el cocido de Azores. También con su música: la morna, el fado, con su folclore… Me quedo con mucha saudade caboverdiana y portuguesa. Pero sobre todo, me quedo con la decena de personas maravillosas que conocimos y que nos hicieron sentir como en casa.

Después de descubrir la Macaronesia quiero que todo el mundo viaje por ella para que puedan conocer los extraordinarios archipiélagos que nos rodean.

¿Encontraste alguna tradición o forma de vivir que te recordara especialmente a Canarias?

Canarias y Azores comparten un vínculo que nace en el Atlántico. El océano, la vida ligada al mar, es un símbolo que ambos archipiélagos protegen con orgullo. La manera en la que miramos el océano que nos rodea es una de las cosas que nos ha construido como pueblos.

Bueno, y el Carnaval, no podemos olvidarnos del amor por el Carnaval. Es uno de los grandes símbolos del vínculo cultural entre Canarias y Cabo Verde. Una celebración llena música, de color y donde la gente participa masivamente, y las calles se convierten en un espacio de encuentro y tradición.

De hecho, los caboverdianos presumen de tener “los mejores carnavales del mundo”, (de ahí surgió algún que otro pique amistoso). Pero, más allá de la competición, la realidad es que lo viven de una manera muy parecida a nosotros: salen a las calles, bailan durante semanas, llenan cada rincón de alegría y, cuando termina el Carnaval, ya empiezan a pensar en el del año siguiente.

Carnaval en Cabo Verde

Si pudieras recomendar solo uno de los destinos de  esta temporada, ¿cuál sería y por qué?

Para mí, São Miguel es el sitio ideal para un primer contacto con Azores. Es un lugar donde el paisaje, la cultura y la vida de sus habitantes están profundamente conectados, una de las que mejor representa la esencia del archipiélago. Lagos dentro de antiguos cráteres, aguas termales, fumarolas, paisajes verdes infinitos y pueblos tranquilos llenos de encanto.

Además, São Miguel conserva una identidad muy fuerte, muy ligada a sus tradiciones, es una isla que resume perfectamente lo que significa viajar por la Macaronesia.

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