Washington propone un plan de paz de 15 puntos en plena escalada bélica, mientras los hutíes entran en el conflicto lanzando misiles contra territorio israelí
La guerra en Irán, que comenzó con la ofensiva sorpresa de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, cumple su primer mes en un escenario de extrema ambigüedad diplomática. El presidente Donald Trump ha dado un giro inesperado al plantear el relanzamiento de las negociaciones para un acuerdo que finalice las hostilidades. Sin embargo, este movimiento coincide con un redoble de sus amenazas contra Teherán e indica una fractura con Israel, que promete intensificar sus bombardeos ante la posibilidad de un pacto a sus espaldas.
El giro diplomático de la Casa Blanca
Aunque la planificación original de Washington estimaba una campaña de cuatro o cinco semanas, la Administración Trump busca ahora una salida al conflicto. Como gesto de distensión, el mandatario extendió de 48 horas a cinco días el ultimátum para atacar las centrales eléctricas iraníes. Este aplazamiento pretende dar aire a lo que el presidente describe como «conversaciones muy sólidas» con la República Islámica para detener la guerra.
«Tienen mucho interés en llegar a un acuerdo. A nosotros también nos gustaría lograrlo», afirmó Trump ante la prensa antes de viajar a Tennessee. El presidente insiste en que cualquier resolución debe ser «buena» y garantizar que «no haya más guerras, ni más armas nucleares». A pesar de este optimismo, Irán negó inicialmente estos contactos, sugiriendo que Washington intenta manipular el precio del petróleo ante la inestabilidad de los mercados.
Mediación internacional y la propuesta de 15 puntos
La confusión sobre la existencia de un diálogo dio paso a la confirmación de contactos indirectos a través de Pakistán, Omán y Turquía. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, tras hablar con el presidente iraní Masud Pezeshkian, confirmó que Islamabad ejerce de mediador y «entrega los mensajes» entre ambas potencias. En este marco, ha trascendido una propuesta de paz de 15 puntos presentada por Estados Unidos.
El enviado especial Steve Witkoff confirmó que este plan busca el levantamiento de las sanciones internacionales a cambio de que Irán desmantele sus instalaciones nucleares y limite su arsenal de misiles. Ante los avances diplomáticos, Trump volvió a ampliar su ultimátum hasta el 6 de abril. No obstante, el lenguaje de Washington sigue siendo dual: exige un acuerdo antes de que sea «demasiado tarde» y despliega paracaidistas en la región, un movimiento que Irán interpreta con profunda desconfianza.
Las exigencias de Teherán y la autonomía de Israel
Por su parte, el gobierno iraní considera «excesiva» la oferta estadounidense y plantea sus propias condiciones. Teherán exige la determinación de responsabilidades por la invasión, el pago de reparaciones de guerra y el reconocimiento de su autoridad total sobre el estrecho de Ormuz. Irán rechaza de plano la propuesta de Trump de gestionar de forma conjunta este paso estratégico, vital para el comercio mundial de crudo.
Mientras tanto, la sintonía entre los aliados se agrieta. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció que Tel Aviv «intensificará» y «expandirá» sus ataques contra suelo iraní, ignorando la pausa en los bombardeos a infraestructuras eléctricas que propugna Trump. Israel mantiene su campaña de asesinatos selectivos, como el del comandante Alireza Tangsiri, y continúa golpeando instalaciones nucleares iraníes de forma unilateral.
Los hutíes expanden el campo de batalla
La complejidad del conflicto aumentó este sábado con la entrada oficial de la insurgencia hutí de Yemen en la contienda. El grupo aliado de Teherán confirmó el lanzamiento de su primer misil balístico contra «objetivos militares sensibles» en el sur de Israel. Las fuerzas yemeníes justifican la acción como un apoyo a la República Islámica y al resto de los frentes de la resistencia en la región.
El Ejército israelí confirmó la intercepción de al menos un proyectil sobre Beersheba. Los rebeldes hutíes, que controlan Saná desde hace una década, advierten que sus operaciones continuarán hasta que cese la agresión en todos los frentes. Su posición geográfica les permite amenazar el sur de Israel mediante drones y misiles, complicando aún más los esfuerzos diplomáticos por estabilizar el estratégico paso del mar Rojo.


