La activista feminista y referente del movimiento LGBT, Beatriz Gimeno, ha analizado en Buenos Días Canarias el clima de odio que propició la condena a Dolores Vázquez por un crimen que no había cometido
El Ministerio de Igualdad ha reconocido con una medalla a Dolores Vázquez. Lo ha hecho 25 años después de la condena judicial, mediática e institucional que la hizo pasar 519 días en la cárcel por el asesinato de Rocío Wanninkhof, un crimen que no había cometido.
Con motivo del Día de la Visibilidad Lésbica, el Ministerio ha querido reparar un daño que fue fruto de la construcción del relato de odio misógino y lesbófobo. Los medios de comunicación y la sociedad de la época presentaron a Dolores Vázquez como un personaje perverso. Así lo recogió en su libro «La Construcción de la Lesbiana Perversa» la activista Beatriz Gimeno.
Hoy en Buenos Días Canarias ha recordado que en el libro recopiló buena parte de las informaciones que en esos años publicaron los medios de comunicación. El tratamiento morboso y guiado por el odio acabó contaminando una investigación y un juicio en el que Dolores Vázquez fue condenada.
Gimeno ha recordado que Dolores Vázquez «era una mujer fuerte, independiente y profesional», unos valores que chocaban con el machismo y la incomprensión hacia las lesbianas. El relato se construyó con un estereotipo de lesbiana que «históricamente ha sido vilipendiada por la cultura». «La masculinizaron, la convirtieron en una amenaza, fría, distante y falta de empatía».
Sin rencor
La propia Dolores Vázquez, reconocía ayer en el acto que no guarda rencor por lo sucedido, aunque todo lo acontecido la llevó a estar en un pozo profundo. Tuvo que ser asesinada otra joven, Sonia Carabantes, para encontrar al verdadero autor de los hechos, Tony King.
«No quisieron escucharme y pasó lo de Sonia Carabantes», dijo ayer una Dolores Vázquez emocionada y que asegura sentirse orgullosa de sí misma y de sentirse ahora como era antes de lo sucedido.


