Un estudio de la Universidad de Alcalá y la ULPGC demuestra que insectos necrófagos completan su ciclo vital en casi total oscuridad, algo inédito hasta ahora en la entomología forense
La Universidad de Alcalá y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria trabajan conjuntamente en un estudio pionero que analiza los rituales funerarios de los antiguos aborígenes de Gran Canaria desde una perspectiva inédita. A partir de la reproducción experimental de prácticas mortuorias documentadas, el equipo científico ha observado el comportamiento de insectos necrófagos en condiciones de oscuridad casi total.
Los resultados han permitido demostrar por primera vez que determinadas especies de insectos pueden completar su ciclo vital sin luz, contradiciendo uno de los postulados clásicos de la entomología forense. Este hallazgo cuestiona la idea de una desecación intencional de los fardos mortuorios, una hipótesis ampliamente aceptada sobre las prácticas funerarias indígenas.
Un experimento único en una cueva volcánica
Para alcanzar estas conclusiones, los investigadores diseñaron un estudio experimental innovador que replicó, en condiciones controladas, la descomposición de un cadáver en el interior de una cueva volcánica. El objetivo consistió en documentar la sucesión completa de insectos en un espacio cerrado y prácticamente a oscuras.
Durante doce meses, el equipo depositó un cadáver de cochino (Sus scrofa domesticus) en una cueva excavada en toba volcánica. El cuerpo permaneció envuelto en un fardo vegetal, elaborado por el alumnado del grado de Historia de la ULPGC mediante técnicas artesanas y siguiendo las prácticas indígenas documentadas.
A lo largo del experimento, los investigadores registraron de forma sistemática el proceso de descomposición, la actividad de los insectos asociados a cada fase, los desplazamientos óseos y la ubicación final de todas las evidencias entomológicas.
Más de 55.000 restos y una mosca clave
Tras un año de seguimiento, el estudio permitió recopilar más de 55.000 restos mediante técnicas arqueológicas, incluyendo 22 taxones distintos de insectos, entre moscas, escarabajos, hormigas, polillas y otras especies.
Entre todas ellas destacó especialmente la mosca de la carne (Chrysomya albiceps), una especie que la literatura científica consideraba incapaz de completar su desarrollo en ambientes oscuros. Sin embargo, el experimento demostró que no solo colonizó el cadáver, sino que culminó todas las fases de su ciclo vital en estas condiciones.
Implicaciones para la arqueología y la ciencia forense
Las conclusiones del trabajo cuestionan varias premisas sobre la actividad de los insectos necrófagos en entornos de oscuridad y aportan nuevas claves para interpretar contextos funerarios prehistóricos, especialmente cuevas, hipogeos y catacumbas.
En el caso específico de Canarias, los datos refuerzan la hipótesis de una momificación de carácter natural en el interior de las cuevas, sin necesidad de procesos intencionales de secado de los cuerpos.
Además, esta investigación proporciona el primer marco experimental comparativo para estudiar la descomposición en espacios cerrados y con escasa iluminación, lo que la convierte en una referencia aplicable a contextos arqueológicos similares en regiones como el Mediterráneo, Oriente Medio o los Andes.
Un método que abre nuevas vías científicas
El enfoque metodológico del estudio combina arqueología funeraria, control ambiental y seguimiento entomológico sistemático, lo que abre nuevas líneas de investigación en entomología forense. El uso de procedimientos propios de la arqueología para la recogida exhaustiva de datos también ofrece aplicaciones directas en criminalística, especialmente en escenarios con condiciones similares a las cuevas estudiadas.
La revista científica Forensic Science International: Synergy ha publicado los resultados de este trabajo, firmado por Pedro Henríquez Valido, investigador Juan de la Cierva en la Universidad de Alcalá, y Aitor Brito Mayor, investigador predoctoral de la ULPGC. Ambos desarrollaron el estudio a partir de una idea original de Jean Bernard-Huchet, especialista en arqueoentomología funeraria de la Universidad de Burdeos.
Este proyecto se integra en el programa experimental TafoMummy, impulsado con el apoyo de la Universidad de Alcalá, la ULPGC, PACEA–Université de Bordeaux y el Museo del Hombre de París, además de la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información.


