Javier Granados: «Venezuela es solo el inicio: volvemos a un estado de guerra de todos contra todos»

El presentador de ‘El Análisis Internacional’ de la Radio Canaria habla para RTVC sobre algunos factores clave de la crisis en el país latinoamericano y su interconexión con el resto del globo

Canarias no es una espectadora ajena a lo que sucede al otro lado del Atlántico; tiene el corazón puesto en cada noticia que llega de Venezuela. Con más de 83.000 venezolanos residiendo en el Archipiélago, la crisis en el país caribeño se vive en nuestras calles, en nuestros trabajos y en cada conversación.

Para entender este complejo tablero de ajedrez, hablamos con Javier Granados, periodista, doctor en Relaciones Internacionales y director del programa de geopolítica ‘El Análisis Internacional’ de la Radio Canaria, quien nos ayuda a conectar los puntos de una crisis que es solo una pieza más de un engranaje global en tensión.

Javier Granados dirige y conduce cada jueves el espacio sobre política internacional «El Análisis Internacional» en la Radio Canaria.

Javier, empecemos por lo cercano. En Canarias hay más de 83.000 venezolanos. ¿Cómo afecta esta cercanía emocional y social a la forma en que nosotros, como sociedad y como medios, debemos procesar lo que está ocurriendo con la captura de Maduro y la intervención de EE. UU.?

La realidad venezolana la tenemos evidentemente más cerca aquí en Canarias que en otras comunidades autónomas. Todos conocemos venezolanos emigrados que están aquí en nuestras islas y con ellos comentamos lo ocurrido. Creo que gracias a estos venezolanos que están aquí en Canarias tenemos una visión privilegiada del día a día en las ciudades venezolanas, ya que nos cuentan lo que sufren sus familiares, amigos, y cuáles son los temores y la situación, el día a día en el país.

Históricamente se ha dicho que Venezuela es la «novena isla». En este momento de máxima tensión, ¿qué papel juega Canarias como puente de información y sensibilidad entre Europa y el país venezolano?

Pues lamentablemente no mucho. Estamos en una situación de las Relaciones Internacionales en las que lo importante es el poder, es la realpolitik. El humanismo, las tesis kantianas de esta ciencia han dejado paso al neorrealismo, donde el poder se impone incluso al Derecho Internacional. Estados Unidos tiene muy clara su hoja de ruta, la leímos en su Estrategia de Seguridad Nacional publicada a finales de 2025, y en ella Europa no pinta nada.

La captura de Maduro y la decisión de Estados Unidos de dirigir una transición política en Venezuela, ¿confirma un cambio en el Sistema Internacional?

Sin duda. Y esto es uno de los hechos más destacados en el actual escenario. Es de importancia capital. Es un cambio que no ocurre ahora de manera repentina. Se viene cociendo desde hacer años. China y Estados Unidos se han convertido en los hegemones, las indiscutibles grandes potencias. Ambos buscan dominar su área de influencia y esto implica que Washington controla Occidente y China el sudeste asiático. Veremos como lo hace cada uno. Estados Unidos acaba con Maduro porque no acepta someterse a sus normas y porque abre la puerta a Pekín y a Moscú en su zona de influencia.
Nos damos cuenta de que la fuerza, el poder, domina sobre el Derecho Internacional. Ya se han roto muchas normas. La clave es tener poder duro, realpolitik. El poder genera legalidad, como han explicado numerosos teóricos de la Relaciones Internacionales. Estamos ante un auge de la visión securitaria de las Relaciones Internacionales. Esto es, volvemos a la visión más hobbesiana de las Relaciones Internacionales: la política internacional como un estado de guerra de todos contra todos. Es el conflicto puro entre los Estados, un juego de suma cero donde los intereses de cada Estado son incompatibles entre sí. Lamentablemente, estamos ya en un momento en el que no hay espacio para los aspectos societarios de un sistema internacional.

La clave es la seguridad, incluso la economía. De ahí que vamos a una carrera militar de rearme porque lo más importante es asegurar la integridad territorial.

«Nos damos cuenta de que la fuerza, el poder, domina sobre el Derecho Internacional. Ya se han roto muchas normas»

Más allá de los titulares, ¿cuál es tu visión real sobre el impacto humanitario inmediato que este cambio de escenario puede tener para el pueblo venezolano?

La situación del pueblo venezolano ya se encuentra muy deteriorada. Sin embargo, las expectativas de cambio y mejora socio económica que se crearon en las primeras horas, días, tras la captura de Maduro, se están difuminando. A cada minuto que pasa queda claro que Trump no busca la mejora social y económica de los habitantes de Venezuela.

El único cambio que estamos viendo es la liberación de presos políticos estas semanas. Es sin duda una excelente noticia y se debe a la presión de Estados Unidos y de gobiernos europeos. En ningún caso a la iniciativa de los dirigentes chavistas. Sin embargo, tengo la impresión que tendremos que esperar mucho, años, para ver mejorar la situación humanitaria y la económica del pueblo venezolano.

Lo que está ocurriendo en Venezuela no se puede entender sin mirar al resto del globo, y como tú mismo has afirmado muchas veces en antena, todos los conflictos actuales están conectados. ¿Cómo se explica que una crisis en el Caribe pueda influir en la estabilidad de territorios tan lejanos como Oriente Medio, Taiwán o Groenlandia?

Ahora mismo la principal preocupación aquí en Europa es sin duda Groelandia. Es un territorio fundamental para la estrategia de Estados Unidos en el océano Ártico. Es una zona rica en recursos energéticos, materias primas. Y con el deshielo provocado por el cambio climático en años será una zona navegable, lo que acortaría de manera muy importante las rutas comerciales. Además, Washington quiere asegurarse un puesto en la zona donde competiría de manera directa con Rusia, pero sobre todo con el otro gran hegemón del nuevo Sistema Internacional que está en marcha, China. No tengo dudas de que Groelandia dependerá de facto de EEUU. Y más pronto que tarde. Es algo que las elites de Estados Unidos tienen muy claro. Lo que está en duda es cómo será este proceso. Lo deseable es que Washington negocie con Dinamarca para que le permita estar en la isla, o que a través de la OTAN se le garanticen a Estados Unidos medidas de seguridad que satisfaga su dilema de seguridad en la región. Aunque ya veremos si en esa posible negociación vemos presión militar de por medio. No debemos olvidar que Dinamarca en el pasado se ha mostrado proclive a una negociación sobre la presencia de Estados Unidos en la isla, aunque sin ceder su soberanía.

El asunto Taiwán es lo mismo, sólo que en el área de influencia de China, que es en el sudeste asiático. Cuando hablamos de estos asuntos no debemos perder de vista que el sistema internacional que conocimos ha desaparecido y volvemos a las esferas de influencia. Y Taiwán está a solo unos kilómetros de China. Analistas chinas, con paciencia, admiten, que es cuestión de tiempo que Taiwán quede bajo la égida China. Es la nueva realidad internacional. En la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, la aprobada por Trump hace semanas, se refiere a China como competidor económico, no como competidor hostil directo, como ocurría antes.

Y sobre Oriente Medio no habrá apenas cambios porque los principales países de la región, salvo Irán, aceptan las condiciones de Estados Unidos. Se ha visto en 2025 con las buenas relaciones de Washington, por ejemplo, con Israel y Arabia Saudí.

«Tendremos que esperar mucho, años, para ver mejorar la situación humanitaria del pueblo venezolano»

Hablemos de Rusia. ¿Existe una connivencia real de Moscú con los movimientos en Venezuela para desviar la atención de frentes como Ucrania?

No creo que Moscú supiera con antelación lo que hizo Estados Unidos. No debemos olvidar que Rusia es un enemigo para Washington. Por un lado, más allá de las típicas condenas de cara a la galería, hay que tener en cuenta que el sistema internacional que defiende Trump, esferas de influencia, civilizacionales han llegado a decir, es lo mismo que exige Rusia.

Sin embargo, esta operación de Estados Unidos implica el control del petróleo de Venezuela y acabar con uno de los puntos claves de todo el entramado ruso para poder vender su petróleo y así escapar de las sanciones internacionales. Ese engranaje está formado por Rusia, Venezuela, China e Irán y sus proxies. Hasta ahora ha sido continuo el trasiego de viejos petroleros entre estos países para vender el crudo ruso y el venezolano. Y los puertos de Venezuela son clave en este comercio petrolero. Moscú tiene numerosos acuerdos firmados con Caracas sobre la industria petrolera. Veremos en qué queda. En noviembre pasado se firmó un importante acuerdo entre la empresa estatal petrolera PDVSA con la empresa rusa, cercana al Kremlin, Roszarubezhneft hasta 2041.

Y todo esto debemos enlazarlo con la estrategia de Ucrania de bombardear el sistema energético ruso y petroleros en el Mar Negro. Evidentemente, detrás de todo esto se encuentra Estados Unidos.

Según Granados, «El interés principal de EE. UU. es la industria petrolera y cortar el tráfico de crudo con Rusia e Irán».

Y en este “tablero de ajedrez” no podemos olvidar a Irán, importante aliado de Venezuela…

Parte de la respuesta a esta pregunta está en la cuestión anterior. Si Estados Unidos logra acabar con el entramado oscuro, ilegal de Venezuela Rusia en el transporte petrolero, afectará a Irán. Parte destacada de ese petróleo ruso, también aunque en menores cantidades el venezolano, ha llegado a Irán o a Hezbolá.

La posición de España suele ser mirada con lupa por su relación histórica con Latinoamérica. ¿Está siendo la UE lo suficientemente contundente o se está viendo arrastrada por la estrategia de la administración Trump?

España podría jugar un papel en Venezuela siempre que los actores en el conflicto lo acepten como mediador. Y creo que hoy eso está muy lejos de conseguirse. La UE es sin duda uno de los grandes perdedores en este cambio en el Sistema Internacional, que no es nuevo, lo vemos desde hace décadas. Recordar que en 2014 cuando Rusia invadió Crimea la respuesta de la Comunidad Internacional fue muy liviana. A Bruselas le afecta de manera muy negativa la erosión del Derecho Internacional frente al poder militar y a los hechos consumados.

El multilateralismo que ha defendido la UE se apaga. Ve como su principal aliado y garante de seguridad, ya no es de fiar y mina este sistema. Estamos ante otra oportunidad, ante otra evidencia, de que los europeos nos tenemos que tomar muy en serio nuestra seguridad. Y esto implica más inversión en Defensa, en inteligencia, satélites, aunque no nos guste.

«La UE es sin duda uno de los grandes perdedores en este cambio en el Sistema Internacional»

Para terminar, Javier, una reflexión para ese lector canario que tiene un vecino, amigo o conocido venezolano: ¿Hay motivos reales para la esperanza de una transición estable o estamos ante el inicio de un conflicto de larga duración con repercusiones mundiales?

Lo que está claro es que será un proceso muy largo porque el principal interés de Estados Unidos en Venezuela es la industria petrolera y acabar con el tráfico de esta materia prima entre Caracas, Rusia, China e Irán. Si Washington respeta los intereses de la cúpula militar y de los líderes chavistas entiendo que podríamos estar ante un periodo de cierta estabilidad, aunque sin apenas cambios sociales que permitan mejorar la situación económica del país. El secretario de Estado de Estados Unidos ya ha dejado claro que unas elecciones, democracia, etc, será la última fase. Conclusión, será una transición larga, de varios años y la población venezolana lo notará sólo en su última fase.

No creo que esto sea un conflicto que tenga repercusiones mundiales. Esto es un paso más del cambio que estamos viviendo, desde hace al menos una década, en el Sistema Internacional, como ya he explicado. Volvemos a las esferas de influencia. Esto sí tiene repercusiones en todo el mundo, pero no lo que ocurre en Venezuela en concreto.

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