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Un equipo de Televisión Canaria visita una de las estaciones sísmicas con las que Involcan detecta los enjambres en la zona oeste de las Cañadas del Teide
La isla de Tenerife sumó este pasado lunes un nuevo enjambre sísmico en su subsuelo. Se trata del quinto episodio consecutivo de estas características detectado en poco más de una semana. A pesar de esta constante actividad, los expertos insisten en que nada hace indicar que vaya a producirse una erupción a corto o medio plazo.
Sin embargo, los científicos del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) mantienen una vigilancia exhaustiva para conocer cuál es el estado real del sistema magmático.
Los cinco enjambres sísmicos detectados durante este mes de febrero se han localizado en la zona oeste de las Cañadas del Teide, situándose el último a una profundidad de entre 8 y 10 kilómetros.
Las entrañas de una estación sísmica
Para entender cómo se monitoriza el corazón del volcán, un equipo de Televisión Canaria ha acompañado a los investigadores sobre el terreno. Involcan tiene repartidas por toda la geografía de Tenerife más de una veintena de estaciones que integran la Red Sísmica Canaria.
Una de ellas se encuentra en el municipio de Santiago del Teide, escondida a escasos metros bajo el suelo junto a la boca de una antigua galería de agua. El emplazamiento no fue elegido al azar, ya que se necesita una zona muy poco transitada para evitar cualquier interferencia humana.
Un equipo compuesto por dos elementos
Sergio de Armas, personal técnico-investigador de Involcan, explica que el equipo se compone básicamente de dos elementos: una cabeza sensora y un ‘data logger’. El sensor es el encargado de detectar la llegada física de las ondas sísmicas, mientras que el pequeño ordenador actúa como traductor para pasar esa señal analógica a un formato digital.
La sensibilidad del equipo es tan extrema que basta con dar una simple patada en el suelo cercano para que el sensor registre el movimiento en la pantalla.
Filtrar el ruido para localizar el sismo
Precisamente por esa enorme sensibilidad de los aparatos, el análisis humano posterior resulta vital. Aunque a simple vista parezca sencillo ver una onda sísmica en el monitor, eso no es suficiente para que la comunidad científica afirme que ha habido un temblor real.
Víctor Ortega, también investigador de Involcan, aclara que es fundamental descartar las vibraciones indeseadas que se cuelan desde la superficie. Por ello, una regla de oro es que cualquier evento debe ser registrado e interpretado por al menos tres estaciones sísmicas distintas para poder considerarlo válido.
Contrastar los datos de varias estaciones no solo evita que el ruido ajeno distorsione los resultados, sino que permite triangular la señal y ubicar el movimiento exacto en el mapa. Para garantizar esta seguridad, los científicos trabajan con guardias continuas y un sistema automático de alarmas que les avisa al instante si se produce un seísmo, mostrando en tiempo real si la tierra bajo Tenerife vuelve a latir.


