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La misa del Corpus Christi en la plaza de Cibeles tuvo una asistencia superior al millón de personas
En una multitudinaria celebración de la solemnidad del Corpus Christi en la plaza de Cibeles, el papa León XIV lanzó un mensaje de profundo contenido espiritual y social en la segunda jornada de su viaje a España.

Ante miles y miles de fieles, el sumo pontífice defendió la vigencia de las tradiciones religiosas españolas, pero advirtió de que estas solo tienen sentido si se traducen en compromiso con los más vulnerables y en una participación activa en la construcción del bien común.
La homilía combinó referencias a la identidad religiosa de España, la centralidad de la Eucaristía y una llamada a superar una fe meramente cultural o privada.
Una defensa de las raíces cristianas de España
Uno de los ejes principales del discurso fue el reconocimiento de la profunda huella que la celebración del Corpus Christi ha dejado en la historia y la cultura española.
León XIV destacó cómo las procesiones han modelado durante siglos la piedad popular, el arte, la música, la arquitectura y las tradiciones del país. Sin embargo, insistió en que estas manifestaciones no pueden reducirse a folclore o patrimonio cultural.
«Las procesiones no son una supervivencia estética del pasado», señaló el sumo pontífice, sino una expresión viva de la fe en Cristo resucitado y presente entre los creyentes.

Compromiso con los más débiles
Otro de los mensajes más contundentes de la homilía fue la interpretación de la procesión del Corpus Christi como símbolo de una Iglesia que sale al encuentro de la sociedad. Para León XIV, la custodia que recorre las calles representa a un Cristo que no permanece encerrado en los templos, sino que acompaña la vida cotidiana de las personas, especialmente de quienes sufren.
El sumo pontífice presentó así una imagen de la Iglesia abierta al mundo, cercana a los problemas reales y comprometida con los desafíos sociales contemporáneos.
El sumo pontífice recordó la histórica vinculación en España entre la celebración del Corpus Christi y el Día de la Caridad, subrayando que la verdadera adoración eucarística exige atención a los pobres, los enfermos, los solos y los excluidos.
Según León XIV, sacar la custodia a las calles no basta si los creyentes no están dispuestos a salir de su propio egoísmo, indiferencia o comodidad. La Eucaristía, afirmó, debe convertirse en una fuerza transformadora que impulse la solidaridad y la justicia social.

«La religiosidad no puede ser un museo del pasado»
Quizá la frase más significativa del discurso fue la advertencia de que la religiosidad española no puede convertirse en un «««museo del pasado«»«. León XIV defendió que la tradición religiosa siga siendo una auténtica «escuela de fe«, capaz de responder a los desafíos del presente y de ofrecer respuestas a las inquietudes de la sociedad actual.
En este sentido, el papa León XIV apostó por una fe que enseñe la gratuidad, la fraternidad y el servicio, y que impulse a los creyentes a participar activamente en la vida pública y en la construcción del bien común.
Por otro lado, la homilía también adquirió un marcado tono nacional cuando se refirió expresamente a «la España de hoy y de mañana».
El sumo pontífice propuso que la memoria religiosa del país sirva de inspiración para afrontar retos contemporáneos como la fragmentación social, la pérdida de esperanza, la soledad o las desigualdades, insistiendo además en que la fe cristiana no debe quedar reducida al ámbito privado ni desvinculada de los problemas colectivos.


