
Durante un discurso histórico en el Congreso de los Diputados, León XIV ha realizado una defensa de la vida humana, entre otros temas que ha abordado en su intervención
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El papa León XIV ha proclamado este lunes en un histórico discurso en el Congreso de los Diputados que la defensa de la vida humana «no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de la civilización» y ha defendido que «toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural».
«Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades?», ha dicho el papa en su discurso ante las Cortes a pocos días de que el Congreso debata la proposición de ley para blindar la eutanasia ante dilaciones judiciales.
León XIV defendió ante parlamentarios españoles la importancia de reconocer la vida como un valor fundamental y advirtió que, cuando esta convicción se debilita, los más vulnerables se convierten en las primeras víctimas y la ley pierde su función esencial de proteger a todas las personas. En este contexto, afirmó que la verdadera grandeza moral de una nación se mide por su capacidad para acompañar, proteger y cuidar a quienes atraviesan situaciones de mayor fragilidad.
El pontífice planteó interrogantes sobre el futuro de las sociedades que dejan de valorar la vida humana en todas sus etapas y circunstancias, mencionando especialmente a los no nacidos, los ancianos, los enfermos y las personas dependientes.
Además, retomó una reflexión de Benedicto XVI para recordar que la dignidad humana es anterior al Estado y no debe depender de mayorías o consensos cambiantes. También defendió el apoyo a la familia y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos conforme a sus convicciones morales, culturales y religiosas.
Migración
El papa León XIV definió el fenómeno migratorio como un “trágico drama” que exige una respuesta centrada en las personas y basada en la cooperación internacional. Durante su discurso, el pontífice defendió la dignidad de todas las personas, independientemente de su origen nacional, étnico, religioso, lingüístico o de su situación económica y social. En este sentido, advirtió que cualquier forma de discriminación constituye una grave vulneración del principio universal de igualdad y respeto a la dignidad humana.
León XIV sostuvo que la migración no puede gestionarse únicamente desde una perspectiva administrativa o de control fronterizo. Consideró necesario desarrollar políticas que atiendan las causas que obligan a las personas a abandonar sus países y que ofrezcan soluciones más amplias que la mera gestión de los flujos migratorios.
Asimismo, destacó que ningún Estado puede afrontar por sí solo un desafío de esta magnitud. Por ello, reclamó una respuesta coordinada, solidaria y eficaz entre los países, capaz de garantizar protección, acogida e integración real para quienes emigran. Según afirmó, cuando las instituciones actúan de manera cercana, justa y coordinada, las fronteras pueden convertirse en espacios de protección de la dignidad humana.
El papa también subrayó la necesidad de reforzar las labores de prevención, rescate y asistencia a las víctimas de las rutas migratorias mediante una mayor cooperación regional y multilateral. León XIV tiene previsto conocer de cerca la situación migratoria en su visita a Canarias.

El papa pide valentía diplomática ante el escenario internacional
León XVI también criticó el resurgimiento del rearme como respuesta a la fragilidad del escenario internacional. Subrayó que la paz internacional requiere valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro basada en el respeto entre pueblos y el derecho internacional para resolver conflictos por vías pacíficas.
El papa, durante su intervención en el Congreso, afirmó que toda guerra supone una derrota de la capacidad de negociación y de la conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre naciones, ya que las armas solo logran un silencio temporal y no una paz duradera. Defendió que la verdadera seguridad nace de la justicia, el diálogo paciente, el respeto al derecho internacional y políticas que priorizan la vida de los pueblos sobre intereses que se benefician de la guerra.
También planteó la necesidad de una vigilancia ética rigurosa en el desarrollo de nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial aplicada al ámbito militar, para evitar que decisiones sobre vida y muerte sean automatizadas sin responsabilidad humana. León XIV hizo un llamamiento a redescubrir el valor del diálogo internacional, el respeto a los tratados, la transparencia diplomática y la voluntad de anteponer la paz al uso de la fuerza.
Pluralidad política
El papa León XVI ha advertido que «la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario», al tiempo que ha apelado a quienes ejercen una responsabilidad pública a «desarmar el lenguaje».
En su discurso ante las Cortes Generales, el papa ha afirmado que «en una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos».
Ante los parlamentarios españoles, ha hablado de la importancia del lenguaje porque, según ha subrayado, «las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro».
«Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje», ha añadido el pontífice.
«La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación», ha concluido.
Respeto a quien piensa distinto
León XIV ha afirmado que la paz es una «aspiración política» y una «exigencia moral» que incluye respetar a quien piensa distinto, instituciones al servicio del encuentro «y una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación».
El pontífice ha hecho un alegato por la paz en un mundo que «atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural» y «que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca».
En este contexto, ha señalado, «la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral».
Y ha añadido que dicha paz «reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia».
Libertad religiosa
León XIV defendió en el Congreso la libertad religiosa y afirmó que la fe no busca imponerse mediante privilegios ni coerciones, pero tampoco puede quedar relegada al silencio ni considerarse irrelevante en la vida pública. Subrayó que la autonomía del orden temporal no debe interpretarse como hostilidad hacia la religión.
El pontífice añadió que la libertad del Estado contemporáneo auténtico reconoce la dimensión religiosa de la persona, la respeta y la protege jurídicamente, evitando excluir a quienes desean contribuir a la sociedad por motivos de fe. También destacó la importancia del sigilo sacramental de la confesión para la Iglesia católica, en el marco de la libertad religiosa y la autonomía interna de las comunidades creyentes.
«Renovación moral» de la vida pública
El papa León XIV ha pedido una “renovación moral” de la vida pública y ha instado a los legisladores a actuar con “altura de miras”, recordando que las decisiones políticas afectan directamente a personas concretas, especialmente a las más vulnerables.
El pontífice ha subrayado que la política requiere no solo soluciones técnicas y reformas legales, sino también una profunda renovación ética, capaz de orientar el ejercicio del poder hacia el bien común. En su intervención, ha advertido contra la descalificación permanente del adversario y ha defendido que la pluralidad debe ir acompañada de respeto y voluntad de entendimiento.
León XIV ha insistido en que las diferencias políticas pueden resolverse cuando se prioriza la escucha y se reconocen las necesidades y capacidades de todos los ciudadanos. En este sentido, ha reclamado que la firmeza en las convicciones no implique desprecio hacia quien piensa distinto.
El papa también ha recordado la necesidad de proteger la libertad de pensamiento, conciencia y religión como base de una sociedad verdaderamente democrática, subrayando que el respeto a la interioridad de las personas es fundamental para la convivencia.
Finalmente, ha deseado que España mantenga la memoria de sus raíces históricas y, al mismo tiempo, conserve la audacia de proyectarse hacia el futuro, consolidándose como una tierra de encuentro, solidaridad, cultura y esperanza, donde el servicio público esté guiado por el diálogo y la grandeza moral.
Histórica ovación de siete minutos
Las Cortes Generales en pie han aplaudido durante siete minutos, en una ovación histórica, el discurso de León XIV en el Congreso entre gritos de «Viva el papa» desde las bancadas de los diputados, senadores y las tribunas de autoridades.
Su intervención -que se ha prolongado durante treinta minutos-, la primera de un pontífice en el Parlamento español, ha sido recibida con la Cámara en pie, en la que estaban reunidos diputados y senadores del Congreso y Senado así como altas autoridades del Estado, y expresidentes el Gobierno.
La ovación, entre continuos vivas al papa, se ha producido después de que fuera recibido también con un largo aplauso del salón de Plenos a su llegada al mismo.
Al salir del Congreso a pie, el papa ha roto el protocolo establecido en su visita para saludar a los ciudadanos apostados en la carrera de San Jerónimo, del que estaba previsto saliera en coche oficial.


